Los españoles Manuel y José Escasany tenían dos negocios de joyería y relojería exitosos en Buenos Aires desde 1896. En 1905 inauguraron en Tucumán la primera sucursal. Fue en la esquina noroeste de San Martín y Muñecas, en el sitio donde antes había funcionado una carnicería. La nueva joyería fue un comercio muy lujoso, de amplias vidrieras, trabajada marquesina de cristal y profusión de foquitos de colores. Se volvieron muy populares. En 1916 hicieron un libro del Centenario con fotos de Tucumán que regalaron a sus clientes. Ellos impusieron la costumbre de poner en vidriera el precio de cada artículo. Con el tiempo el local les resultó chico; lo demolieron y levantaron un edificio neoespañol que hoy sobrevive. Nueve relojes en la entrada daban la hora en varias ciudades y el del centro daba “la hora exacta”. Había otro reloj al tope de la torre, al que en 1949 le conectaron un carrillón que daba toques sonoros cada cuarto de hora.

El 29/06/1972 cerraron la sucursal tucumana en pleno éxito. Tenían 2.000 clientes mensuales. Terminó un extenso reinado de siete décadas, cuenta Carlos Páez de la Torre (h) en “Joyería de largo reinado” (04/08/1995).